La paradoja del fuego consiste en que éste puede ser tanto dañino como beneficioso, y que su uso puede tener diferentes aplicaciones apropiadas, e incluso imprescindibles, en la gestión del territorio. El paradigma de la ecología del fuego establece, desde una perspectiva sistémica, que el fuego es un componente más de la mayoría de los ecosistemas y, en consecuencia, un elemento necesario para su correcta conservación. El fuego, de origen natural o inducido por el hombre, ha conformado históricamente nuestros paisajes y es su exclusión, junto con el despoblamiento y abandono de las zonas rurales, el factor que determina la última “pirotransición” (cambio en el régimen del fuego sobre el territorio)  que caracteriza al siglo XXI, dando lugar a los incendios forestales de cuarta y quinta generación, aquellos fuera de capacidad de extinción que afectan a zonas pobladas (4ª generación) y los megaincendios convectivos (5ª generación), siniestros que despenden la energía necesaria para modificar las condiciones atmosféricas locales de su entorno y no pueden ser abordados por ningún dispositivo de extinción, sea cual sea su tamaño.

En la dicotomía “fuego malo – fuego bueno”, es la primera acepción la se ha impuesto durante la segunda mitad del siglo XX en nuestro país, al menos desde la Ley de Incendios Forestales de 1968, dando lugar a lo que ahora conocemos como paradigma de la exclusión del fuego: dado que el fuego es un componente “ajeno” al Medio Natural, debe ser a toda costa excluido del monte.

Así, las políticas de prevención de incendios forestales se han concretado en importantes dispositivos de extinción y creación de infraestructuras tanto para facilitar la misma como para dificultar la propagación del incendio una vez éste se ha producido. De forma paralela, puesto que el fuego es siempre malo, es necesario perseguir y sancionar a todo aquel que “pone” fuego en el monte, convirtiendo así un complejo problema socioambiental y político en un simplificado problema de criminalidad.

Si bien es cierto que la eficacia del sistema de extinción, merced a la excelencia de sus técnicos, está fuera de toda duda, pues consiguen controlar prácticamente el 80% de los incendios antes de que se propaguen, cada vez son más frecuentes los grandes incendios de comportamiento imprevisible con víctimas mortales en los dispositivos de extinción, como Riba de Saelices u Horta de San Joan, los megaincendios como los que calcinaron en julio de 2012 50.000 hectáreas en la provincia de Valencia, o los que se convierten en grandes emergencias de protección civil colapsando todos los sistemas de prevención existentes, como los ocurridos en Vigo el 15 de octubre de este mismo año 2017. De todo ello resulta evidente que el problema de los incendios forestales es hoy mucho mayor que hace cincuenta años, y cincuenta años parece un plazo razonable para asumir que una determinada política, la de exclusión y criminalización del fuego, no funciona.

El proyecto europeo FIREPARADOX, además de un centenar de contribuciones científicas relevantes, aportó, en 2010, las bases conceptuales para una futura Directiva Europea desde la Gestión Integrada del Fuego, que incluye, y fomenta, las quemas culturales responsables por parte de agricultores y ganaderos, en combinación con el uso del fuego prescrito por los técnicos para reducir el combustible forestal, además del uso sistemático del contrafuego en los trabajos de extinción. Es necesario señalar, en este sentido de difusión de los postulados del nuevo paradigma, la labor divulgativa y de investigación sobre la ecología del fuego generada por la fundación Pau Costa (www.paucostafondation.org) desde el año 2011, fundación creada a partir de la necesidad detectada por su presidente, Marc Castellnou, en el marco del citado proyecto FIREPARADOX, de disponer en Europa de “una plataforma que capitalice el conocimiento y la experiencia acumulada por los especialistas en incendios forestales y ecología del fuego”.

En el trabajo de investigación desarrollado previamente por algunos de los profesores que hemos creado el grupo SocialGIF, detectamos la necesidad paralela de completar el enfoque holístico de la ecología del fuego desde las Ciencias Sociales, pues es el elemento humano, los campesinos, agricultores y ganaderos, el factor determinante en el cuidado tradicional de los paisajes al que es necesario regresar, y existe muy poca investigación o conocimiento científico desde esta perspectiva.

Por otro lado, en este trabajo previo constatamos que el paradigma de la Ecología del Fuego irrumpe en nuestro país en la peor situación posible, promovido por un grupo solvente de científicos y técnicos pero en un entorno social, político y normativo que difícilmente podrá asumir a corto plazo esta nueva e imprescindible visión científica.

Por todo ello, consideramos necesario investigar para generar conocimiento sobre el uso tradicional del fuego antes del establecimiento de las prohibiciones sobre las quemas culturales que caracterizan las políticas de exclusión, para identificar qué, cómo, cuándo y porqué se quemaba, así como conocer qué opinan sobre el problema los (escasos) habitantes de las zonas rurales. También es necesario comprobar el efecto de la despoblación y otros factores socioeconómicos en el aumento de la inflamabilidad más allá de lo evidente. Por otro lado, existe un muy serio problema de “incomprensión” de la opinión pública y de la iniciativa política no específica sobre la realidad de los incendios forestales, cuestión que también hace necesaria la generación de conocimiento sobre los frenos existentes para la implementación de políticas fundamentadas en la ecología del fuego y la generación de propuestas para poder superarlos, desde los ámbitos de la Comunicación, la Educación y la Ciencia Jurídica, sin olvidar las aportaciones que las TICs, caracterizadoras de nuestra actual sociedad, puedan incorporar a la gestión del problema.